6. Estar con él y verlo levantarse temprano para rezar y luego compartir el alimento y largas charlas sobre Dios, la vida, el Reino y los problemas de su tiempo. Verlo trabajar con sus manos, lavar su ropa, ayudar a cocinar, verlo hacer las cosas cotidianas y después ser testigos de sus predicaciones frente a los grupos y a las multitudes. 

Pasar de lo cotidiano a lo extraordinario y descubrirlo un Maestro tanto de lo sencillo, como de lo grandioso. Aprenderían que también por el Reino se trabaja con las manos y con el corazón y se trabaja con el mismo compromiso en lo simple y cotidiano, como en lo extraordinario. Aprenderían que todo aquel que desea que el Reino sea sembrado y crezca, lo debe vivir en todo momento y circunstancia.

La trascendencia de lo cotidiano. Descubrir a Dios y su Reino en lo rutinario de las cosas de todos los días… ¿Cómo lo hacemos? ¿Descubrimos a Dios en las cosas comunes de la vida? ¿En el trato con los demás, en nuestro trabajo, en la vida familiar?

Los compañeros de trabajo, de familia, de diversión… ¿descubren que nuestras actitudes están animadas por la presencia de Dios?

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