28. Si pudiésemos abrirnos al Señor para experimentar que lava nuestras miserias, podríamos llegar a ser muy misericordiosos con nuestros hermanos. Eso está necesitando nuestro entorno cotidiano, gestos de misericordia concretos, capaces de transformar los males que nos agobian y oprimen desde la raíz. Quiero decir, que somos responsables de dar un poco de luz, de paz, de fortaleza, de sentido de la vida, sobre todo, a aquellas personas que están viviendo un momento difícil. Muy especialmente a los enfermos, pobres y sufrientes, a los que se les está haciendo muy pesada la vida de todos los días. Por el contrario, la indiferencia, el desentendernos, la frialdad hacia las hermanas y los hermanos con los que convivimos, se convierten en los gestos antievangélicos que de una u otra manera terminan des-evangelizando.

¿Pensaste alguna vez que podríamos estar des-evangelizando con nuestros gestos?

Hoy dirijamos nuestros pensamientos hacía aquellos que nos son cercanos y que sufren, y hagámonos la pregunta ¿cómo llevarles paz, luz, fortaleza, sentido a sus vidas?

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