10. Me imagino el camino hacia Jerusalén, hacia su Pascua. Seguramente, otras veces, habrían celebrado con Él la Pascua tal como la celebraba el pueblo, pero ésta Pascua estaba cargada de nuevos significados y sobre todo, de un hecho trascendente capaz de transformarlo todo: su Pascua es la nueva y eterna Alianza entre Dios y toda la humanidad.

Por lo tanto, me imagino éste camino hacia Su Pascua, con charlas llenas de últimas y definitivas Palabras, tan propias de ese momento particular, pero también me imagino silencios profundos llenos de intensidad, silencios para tratar de asimilar el Misterio.

Me imagino la entrada a Jerusalén, la última cena, lo vivido con Judas, las traiciones, el dolor de la tortura. Lo vieron colgando de la Cruz, en soledad. Fueron testigos de su muerte y de su sepultura. Fueron aprendiendo que morir por amor es el camino para dar fruto y que perdonar con un corazón puro los llevaba a verlo a Jesús y en Él, ver al mismo Dios.

Por tanto camino vivido con Él y juntos, pudieron reconocerlo resucitado y creer que es Él el que vive para siempre. Él es el Viviente. (Carta Pastoral de Cuaresma – Caminar Juntos con el Señor, en todo)

Quizás ya hemos compartido otras pascuas con la comunidad eclesial… Pero, ¿buscamos descubrir en ésta la novedad que seguramente Dios tiene para nosotros?

¿Tenemos el corazón dispuesto para reconocer y creer en el Dios de la Vida?

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