200 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL BEATO FRAY MAMERTO ESQUIÚ

Queridos hermanos y hermanas:
Me uno con alegría al Año Jubilar que celebran con ocasión del Bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú; religioso franciscano, misionero y obispo durante el pontificado de mi predecesor León XIII, que dejó una huella luminosa y fecunda en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo.

Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú supo glorificar a Dios con sus buenas obras y, aun en medio de tinieblas y dificultades que amenazaban con apagar su brillo, nunca escondió la luz que gratuitamente había recibido (cf. Mt 5, 14-16). Quisiera, por medio de estas líneas, que su testimonio de entrega y santidad continúe brillando entre ustedes y los impulse a ser, como él, lámparas vivas en el hoy de la historia, sin que nada pueda oscurecer la fe, la esperanza y la caridad que habita en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo (cf. Rm 5,5; Ef 3,17).

El beato Esquiú nos enseña a vivir la comunión y la misión evangelizadora de manera concreta, con gestos y obras de bien. Su celo apostólico lo llevó a construir puentes de diálogo y colaboración no sólo a nivel eclesial, sino también social, político y cultural. Con una destacada presencia en el ámbito educativo y periodístico, fue un ciudadano comprometido con su país, que participó activamente en momentos claves de la historia argentina, trabajando siempre en favor de la unidad y del bien común.

Su ejemplo también nos invita a ir más allá de las fronteras. Nuestro beato partía de la contemplación de los misterios del Señor, para luego ofrecerse con caridad y humildad a los demás. Como religioso misionero, no escatimó en generosidad y sacrificios a fin de que el Evangelio llegara hasta los confines de la tierra, siendo consuelo y cercanía de Dios para los más alejados y necesitados en Bolivia, Perú y Ecuador. Asimismo, tuvo la oportunidad de peregrinar a Roma y Tierra Santa. Sus escritos llegan hoy hasta nosotros como un valioso legado que revela las profundas experiencias de su corazón ardiente e inquieto.
Me gustaría mencionar, por último, el anhelo de fray Esquiú por la paz, que animó su incansable labor para instaurarla. A este respecto, decía el Papa Francisco: “A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: ‘Ellos serán llamados hijos de Dios’ (Mt 5,9)” (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 88).

Queridos hermanos y hermanas, que la llamada a trabajar por la paz, a la que el beato catamarqueño supo responder en su tiempo y con determinación y valentía, también resuene hoy con fuerza en ustedes y se traduzca en gestos concretos de amor y reconciliación.
Encomendando este tiempo de gracia a la intercesión de Nuestra Señora del Valle, a quien fray Esquiú recurría con plena confianza y afecto filial, e implorando su amparo maternal para ustedes y sus familias, los bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de febrero de 2026

¡BIENVENIDO!

NOTICIAS DEL PAPA LEÓN


EVENTOS EN SAN CAYETANO


AGENDA

DÍAS Y HORARIOS

Secretaría:
Miércoles y Viernes: 15:30 a 18:00 hs
Cáritas:
Martes y viernes de 15:00 a 17:30 hs
Misas en la Parroquia:
Miércoles a Sábados: 18.30 hs
Domingos: 10 hs

I SÍNODO ARQUIDIOCESANO – DOCUMENTO FINAL

3 MINUTOS DE RETIRO

INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.