Queridos jóvenes:

Estamos acercándonos, aunque faltan todavía varios meses, a la Jornada de la Juventud, y ya hay 400 mil jóvenes inscriptos. A mí me llama a la atención y me alegra que tantos jóvenes vienen porque necesitan participar. Pero algunos dicen que «yo voy por turismo». Pero el joven que viene es porque, en el fondo, tiene sed de participar, de compartir, de contar su experiencia y recibir la experiencia del otro. Tienen sed de horizontes.

Ustedes jóvenes, que ya hay 400 mil de ustedes inscritos, tienen sed de horizonte. En este encuentro, en esta Jornada, aprendan a mirar siempre el horizonte, a mirar siempre más allá. No levanten una pared delante de la vida de ustedes. Las paredes te cierran, el horizonte te hace crecer. Miren siempre el horizonte con los ojos, pero lo miren sobre todo con el corazón. Abran el corazón a otras culturas, a otros muchachos, a otras chicas, que vienen también a esta Jornada.

Prepárense para esto: para abrir horizontes, para abrir el corazón. Y gracias por haberse anotado ya con tanta anticipación. Esperemos que otros más sigan el ejemplo de ustedes. Que Dios los bendiga, que la Virgen los cuide. Recen por mí, que yo rezo por ustedes. Y no se olviden: paredes no, horizontes sí. Gracias.

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