Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco celebró esta mañana, la última audiencia jubilar de los sábados que estuvo dedicada a un aspecto importante de la misericordia: la inclusión, que refleja el actuar de Dios que no excluye a nadie de su designio amoroso de salvación, sino que llama a todos. “Y nosotros, los cristianos, -dijo Francisco- estamos llamados a utilizar el mismo criterio: la misericordia es la forma de actuar con que tratamos de incluir en nuestra vida a los demás, evitando encerrarnos en nosotros mismos y en nuestras seguridades egoístas”.

El papa Francisco celebró esta mañana, la última audiencia jubilar de los sábados que estuvo dedicada a un aspecto importante de la misericordia: la inclusión, que refleja el actuar de Dios que no excluye a nadie de su designio amoroso de salvación, sino que llama a todos. “Y nosotros, los cristianos, -dijo Francisco- estamos llamados a utilizar el mismo criterio: la misericordia es la forma de actuar con que tratamos de incluir en nuestra vida a los demás, evitando encerrarnos en nosotros mismos y en nuestras seguridades egoístas”.

Esa es la invitación que hace Jesús en el Evangelio de Mateo leído esta mañana ante los miles de fieles de la Plaza de San Pedro :”Vengan a mí todos los que estáis cansados y agobiados” . Ninguno está excluido de esta llamada, porque la misión de Jesús es “revelar a todo el mundo el amor del Padre. Depende de nosotros abrir el corazón, confiar en Jesús y acoger este mensaje de amor que nos hace entrar en el misterio de la salvación”.

Francisco explicó que ese aspecto de la misericordia se manifiesta en abrir de par en par los brazos para acoger sin excluir,“sin clasificar a los demás según su condición social, su lengua, su raza, su cultura o su religión. Ante nosotros hay solamente una persona para amar como la ama Dios. A los que encuentro en mi trabajo, en mi barrio, son personas a quien amar como Dios las ama. “Pero ese es de aquel país, de esa religión, de otra” Es una persona que Dios ama y yo tengo que amarla. Eso es incluir, y esta es la inclusión”.

“¡Cuántas personas cansadas y agobiadas encontramos también hoy! En la calle, en las oficinas públicas, en los ambulatorios. La mirada de Jesús se posa sobre cada uno de esos rostros, también a través de nuestros ojos. Y nuestro corazón ¿dónde está? ¿Es misericordioso? ¿Y nuestra forma de pensar y actuar, es inclusiva?”, se preguntó el Pontífice recordando que el Evangelio nos llama a reconocer en la historia de la humanidad “el diseño de una gran obra de inclusión, que respetando plenamente la libertad de cada persona, de cada comunidad, de cada pueblo, llama a todos a formar una familia de hermanos y hermanas, en la justicia, la solidaridad y la paz, y a formar parte de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo”.

“¡Qué verdaderas son las palabras de Jesús, que invita a los que están cansados y agotados a ir a él para encontrar descanso! –exclamó- Sus brazos extendidos en la cruz demuestran que ninguno está excluido de su amor y de su misericordia, ni siquiera el pecador más grande: ninguno. Todos estamos incluidos en su amor y en su misericordia. El perdón es la expresión más inmediata con la que nos sentimos acogidos e incluidos en él. Todos necesitamos ser perdonados por Dios. Y todos necesitamos encontrar hermanos y hermanas que nos ayuden a ir hacia Jesús, a abrirnos al don que nos dio en la cruz. ¡No nos obstaculicemos los unos a los otros! ¡No excluyamos a nadie! Al contrario, con humildad y sencillez hagámonos instrumento inclusivo de la misericordia del Padre. La misericordia del Padre: así es. La Santa Madre Iglesia prolonga en el mundo el gran abrazo de Cristo muerto y resucitado. También esta plaza, con su columnata, expresa este abrazo. Comprometámonos en este movimiento de la inclusión de los demás, para ser testigos de la misericordia con que Dios recibió y recibe a cada uno de nosotros”.

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