Resultado de imagen para jesus el cordero de dios que quita el pecado del mundo«Se llama pecado del mundo al pecado original, que es el pecado común a todos los hombres, cuyo pecado, como todos los demás que a éste pueden añadirse, los quita Jesucristo por medio de su gracia». San Beda

«Cuando el Señor fue conocido, en vano se le preparaba camino, porque Él mismo se ofrece como camino a los que le conocen. Y así no duró por mucho tiempo el bautismo de San Juan sino hasta que se dio a conocer el Dios de la humildad. Y, además, para darnos ejemplo de esta virtud y enseñarnos a obtener la salvación por medio del bautismo, recibió Él el bautismo del siervo. Y para que no fuese preferido el bautismo del siervo al bautismo del Señor, fueron bautizados otros con el mismo bautismo del siervo. Mas los que fueron bautizados con el bautismo del siervo, convenía también que fuesen bautizados con el bautismo del Señor. Porque los que son bautizados con el bautismo del Señor no necesitan del bautismo del siervo». San Agustín

«San Juan había dicho cosas grandes del Salvador, lo que era muy suficiente para que se asombrasen cuantos oían (como aquello de que Él solo podría quitar todos los pecados del mundo entero). Queriendo hacer esto más creíble, lo refería a Dios y al Espíritu Santo. Y como alguno podría preguntar a San Juan, ¿cómo has conocido tú a éste?, le responde que por la venida del Espíritu Santo». San Juan Crisóstomo

«Y para que no se crea que Jesucristo necesitó que viniese el Espíritu Santo, como nos sucede a nosotros, destruye también esta sospecha, dando a conocer que la venida del Espíritu Santo únicamente tiene por objeto la manifestación de Jesucristo. Por esto dice: “Y yo no le conocía; mas Aquél que me envió a bautizar con agua, me dijo: sobre Aquél que tú vieres descender el Espíritu Santo, y reposar sobre Él, Éste es”». San Juan Crisóstomo

CATECISMO DE LA IGLESIA

Cristo es el Cordero que quita el pecado del mundo
606: El Hijo de Dios «bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado» (Jn 6,38), «al entrar en este mundo, dice: … He aquí que vengo… para hacer, oh Dios, tu voluntad… En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo» (Heb 10,5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4,34). El sacrificio de Jesús «por los pecados del mundo entero» (1Jn 2,2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: «El Padre me ama porque doy mi vida» (Jn 10,17). «El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14,31).

607: Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: «¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!» (Jn 12,27). «El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?» (Jn 18,11). Y todavía en la cruz, antes de que «todo esté cumplido» (Jn 19,30), dice: «Tengo sed» (Jn 19,28).

608: Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores, vio y señaló a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53,7) y carga con el pecado de las multitudes (ver Is 53,12), y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12,3-14) (ver Jn 19,36; 1Cor 5,7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: «Servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45).

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