El Papa Francisco recuerda a Pablo VI:

“Pablo VI supo dar testimonio, en años difíciles, de la fe en Jesucristo. Resuena todavía, más viva que nunca, su invocación: ‘¡Tú eres necesario oh, Cristo!’ Sí, Jesús es más necesario que nunca al hombre de hoy, al mundo de hoy, porque en los «desiertos» de la ciudad secular Él nos habla de Dios, nos revela su rostro.

El Santo Padre también recordó el amor de Pablo VI por la Iglesia, “un amor de toda una vida: alegre y doloroso”, el cual “expresó desde su primera encíclica Ecclesiam suam”.

Pablo VI, dijo, fue “un verdadero pastor cristiano que tenía una visión muy clara de que la Iglesia es una madre que lleva dentro a Cristo y conduce a Cristo”.

Como tercer elemento, Francisco destacó el “amor por el hombre”, de Pablo VI, el cual “está relacionado con Cristo: es la pasión de Dios la que nos empuja a encontrar al hombre, a respetarlo, a reconocerlo, a servirlo”.

“En la última sesión del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI pronunció un discurso que sorprende cada vez que lo releemos. En particular, cuando se habla de la atención del Concilio por el hombre contemporáneo”.

Francisco recordó que Pablo VI dijo que “el humanismo secular profano finalmente apareció en su terrible estatura y en un cierto sentido, desafió el Concilio. La religión del Dios que se hizo hombre se encontró con la religión del hombre que se hace Dios”.

“¿Qué sucedió? ¿Una lucha, una batalla, una condena? Podría haber sido así, pero no sucedió. La antigua historia del samaritano fue el paradigma de la espiritualidad del Concilio. Un sentimiento de simpatía sin límites lo impregnó todo. El descubrimiento de las necesidades humanas… denle crédito de eso, al menos, ustedes humanistas modernos, renunciatarios a la trascendencia de las cosas supremas, y reconozcan nuestro nuevo humanismo: también nosotros, nosotros, sobre todo, amamos al hombre», dijo Pablo VI.

El Papa Francisco destacó además que su predecesor decía que toda la “riqueza doctrinal del Concilio se dirige en una dirección: servir al hombre. El hombre, en todas las condiciones, en cada una de sus enfermedades y necesidades. La Iglesia casi se ha declarado servidora de la humanidad”.

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