Tenés razón Jesús, es fácil entender tu dolor de aquél día y tu angustia y llanto por Jerusalén. 2000 años después y con resurrección incluida, todo sigue igual. Nadie entiende la paz, nadie la quiere. La confunden con simpatías, actitudes bonachonas, coreografías ridículas, justicias truchas y a nadie le importa la gente, sus problemas, sus sufrimientos, sus dolores, sus muertes.
Los traficantes de la no paz sólo se dedican a buscar culpables y se acusan unos a otros, pero todos tienen razón, todos dicen la verdad, porque es cierto: son todos iguales.
Cuesta Señor entender la paz, cuesta entender TU paz, la verdadera, no la que da el mundo, la tuya, que ojala algún día sea la nuestra.

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