Y sí, con los golpes que nos pegan todos los días lo único que nos puede defender es una armadura y si es de Dios mejor. Perdón por el simplismo de mi oración. pero es cierto que pegan fuerte. De todos modos y a esta altura de las cosas somos culpables muchas veces de nuestra fragilidad. La armadura es defensa y ataque, porque no es exterior. Es armarse por dentro con los valores de las bienaventuranzas y especialmente con la misericordia recibida y dada, acogida y compartida. Esa es la armadura de Dios, no sólo para defendernos sino también para «ir al frente» o sea, al encuentro de los demás, amando.

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