La vida es una mezcla peligrosa de alegrías y tristezas. Peligrosa porque nos condiciona mucho. Tenemos dias radiantes de luz y alegría y días fatales de tristeza y dolor.
Por eso lo mejor es buscar una fuente de alegría que no se vacíe nunca para no andar a los saltos, para ser constantes y perseverantes en la alegría. Una fuente que nos fortalezca para convivir con tristezas y dolores, con la certeza y el gozo sereno de que Dios nos ama y no nos abandona.

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