Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el ESPÍRITU DE DIOS se cernía sobre las aguas. (Génesis 1,1)

¡Espíritu Santo! Fuente viva de divinas aguas que, en la creación del mundo, santificaste las inmensas que rodeaban el mundo y las aguas del Jordán en el bautismo de Jesucristo, Señor nuestro; yo te suplico que seas en mi espíritu, tan árido y seco, la Sagrada fuente de aguas vivas, que jamás se agote y salte hasta la vida eterna; y la gracia que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de todos. Amén.

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