Este 27 de agosto es el Día de Santa Mónica, la patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres, y el mundo la recuerda y celebra por su bondad y preocupación familiar.

Nació en Tagaste, Argelia y tuvo tres hijos con Patricio, un hombre de mal carácter que la hizo sufrir por su adulterio y enfermedades, pero aun así ella lo soportó con paciencia e iba a la iglesia.

Algunas mujeres le preguntaron por qué su marido nunca la golpeaba, entonces les dijo: «Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues…. no peleamos».
Sin embargo, Mónica nunca dejó de rezar y ofrecer sacrificios por la conversión de su esposo, quien cambió de vida, se bautizó y murió como buen cristiano.

Pero su dolor no terminaría ahí. San Agustín, su hijo mayor, tenía actitudes egoístas, caprichosas, y no se acercaba a la fe. Llevaba una vida disoluta y ella sufría por ver a su hijo alejado de Dios. Es por eso que durante años siguió rezando y ofreciendo sacrificios. Cierto día se acercó a un Obispo para contarle su pesar. El Prelado le respondió diciendo: “Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.

“Cuántas lágrimas derramó esa santa mujer por la conversión del hijo! ¡Y cuántas mamás también hoy derraman lágrimas para que los propios hijos regresen a Cristo! ¡No perdáis la esperanza en la gracia de Dios!”, dijo el Papa Francisco.

Santa Mónica es ejemplo de la mujer cristiana para la Iglesia, por ser madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, a pesar de los problemas.

Los cristianos le rezan para que cuide a sus familias, pues ella es ejemplo de unión y bondad.

A ella encomendamos a los padres cristianos, para que, como Mónica, acompañen con el ejemplo y la oración el camino de sus hijos”.

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