Nació en Madrid a finales del siglo once. Trabajó como agricultor. Contrajo matrimonio con María de la Cabeza y ambos decidieron servir a Dios.

Su memoria llega envuelta en piadosa leyenda. Era muy generoso y hospitalario con los pobres, desviviéndose por su prójimo. Isidro, pobre y humilde abrió para todos el tesoro de su corazón.

Murió siendo anciano y dejó a cuantos lo conocieron el testimonio de su caridad exquisita, motivada por la fe que alimentaba con su constante oración.

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